Dos historias, una real y una ficticia… pero cierta

La siguiente es una historia verídica, y soy testigo de ella. José es el sobre nombre del personaje principal de esta anécdota (el nombre real lo voy a omitir, puesto que no he podido pedir permiso para revelarlo) y además su nombre real inicia con esa misma letra. José era uno de los voluntarios del Primer Congreso Binacional Profamilia Provida. Además, José también fue colaborador de una Navidad Juvenil y un Campamento de Verano para Niños al cual llamamos Campamento con el Santísimo Sacramento. Estas dos últimas, fueron algunas de las actividades que fueron el génesis del Congreso y Liga Binacional Profamilia Provida.

Una vez, en una reunión de planeación de una de nuestras actividades, José fue acompañado de un adulto y un niño. Estos tenían aspecto humilde, delgados y muy serios. José me los presento, y estuvieron acompañándonos en un par de reuniones más. José, me comentó que los había encontrado en la calle, y que acababan de llegar de centro-américa (para ser franco no recuerdo si me dijo Honduras o Nicaragua) y acababan de cruzar. José, compadeciéndose de ellos, los alojó en su propia casa. Con un poco de ayuda de nuestros voluntarios Pro-familia Pro-vida, se les proporciono algo mas de ayuda. José, ayudo a registrar al niño en la escuela y ayudo al papa del niño a empezar a buscar una forma de sustento, mientras aún seguía dándoles hospedaje, alimentación y vestido, en su propia casa.

Unos días después, me encontré a José, le pregunté como estaba el niño y su Papá, y me dijo con algo de tristeza y sorpresa, que repentinamente, el Papá sacó a su hijo de la escuela y simplemente desaparecieron.

José, fue un buen colaborador y amigo que ayudó en la causa Pro-vida y Pro-familia. El entendía perfectamente que la dignidad humana iniciaba desde el momento de ser persona y la misma defensa de los no-nacidos lo había llevado a ser más humano y más caritativo. – Fin de la historia-

La siguiente es una historia ficticia pero cierta. Un medico muy bueno en ejercer su profesión murió. Este medico lo llamaré Dr. Hewlett. Dr. Hewlett era un buen medico, cristiano y preocupado por los no nacidos, los ancianos, los niños y los pobres. El médico, durante la pandemia del coronavirus que afectó a la humanidad, dedicó con más decisión su tiempo a ver enfermos de Covid-19. Desafortunadamente, el medico se contagió del virus y debido a otras condiciones y a su cansancio crónico, falleció.

El alma del Dr. Hewlett se enfrento a su juicio final. Despues de haber recorrido su vida minuciosamente y con Justicia Divina, Dios todopoderoso le dice, ven a mi a gozar de mi presencia; pero antes, ¿tienes algo que preguntarme?. El Dr. Hewlett le dice, Señor mío, si, tengo un solo reclamo que hacerte. Dios le dijo, dime hijo mio. El Dr. Hewlett le replicó, “¿Por qué no mandaste un médico o científico a que nos ayudara a encontrar una cura rápida y eficaz para el Coronavirus? Esto costó la vida de mucha gente buena e inocente. Nos hubiera ayudado mucho.” – Dios todopoderoso le responde con mucho amor y firmeza: “¡Hijo mío, Sí! Mandé no solo uno, sino millones de médicos y científicos. Y no solo iban a acabar con ese virus, sino con muchos otros. Además, mand economistas, ingenieros, arquitectos y abogados, albañiles, constructores, sacerdotes, etc. Todos ell